viernes, 29 de abril de 2011

INESPERADO ENCUENTRO

CAPITULO 1: DESCONOcIDO

Lo conocí en un día muy soleado, me encontraba en mi departamento, no muy lujoso, -  pero aun así acogedor y, para mí, muy lindo, lleno de sol - miraba por el balcón cuando lo vi pasar,  parecía agotado  y muy cansado, era como si no hubiera ingerido alimento alguno en días, pero era casi perfecto, de estatura ideal, para mi claro,   su cabello color miel me encanto, de pronto mientras lo admiraba, se  desmallo.

Me sobresalte,  y salí escaleras abajo, prácticamente brinque cada piso, de repente un pregunta   y un sinfín de pensamientos invadieron mi mente  - ¿por qué me preocupo?, ni siquiera lo conozco, es un total desconocido, ¿pero qué demonios me pasa? – cuando hube llegado a su encuentro me hinque y lo tome en mis brazos, parecía tan frágil, como un niño  solo y perdido por el mundo cruel, le pregunte si se encontraba bien, pero su única respuesta fue un suspiro que casi lo llevo de nuevo a la inconsciencia, antes de que lo hiciera le dije: - espera, no, tienes que ayudarme, levántate.

  Como pude lo levante y lo subí en mí, como si cargara a un niño de caballito.
Con mucha dificultad, pude subirlo hasta mi departamento, y lo recosté en el sillón, a decir verdad lo deje caer, me puse a él pie del sillón, dándole la espalda y lo deje caer,  lo mire un poco más, antes de irme por un paño húmedo para su frente, entre al baño, agarre la primera toalla que vi, la metí en el lavabo y abrí la llave, la moje totalmente para luego exprimirla, corrí a  su lado de nuevo, empecé a recorrerle la toalla por la cara, suavemente para no lastimarlo, a pesar de que tenía la cara un poco sucia pude notar que su piel era muy tersa, casi como aterciopelada, después de un momento de sombra y descanso, comenzó a abrir los ojos, eran de un gris perfecto y claro, pero no me agrado percatarme de que a pesar de ser tan hermosos llevaban una tristeza inmensa e inexplicable, me miro por un momento desconcertado y  luego sin muchas fuerzas se sobresalto, no pronuncio palabra alguna y le dije:
-¿Quién eres?, ¿Qué te sucede?, ¿por qué te desmayaste? – de pronto me di cuenta de que lo estaba atacando con tantas preguntas, así que me limite a decirle,
-lo siento, -le sonreí – me dio mucha curiosidad, si te incomode lo siento.
El no me dijo nada se limito a tratar de levantarse del sillón, las primera dos veces no lo consiguió, y la ultima regreso de inmediato a el de un sentón.

-no tienes que irte – me miro sorprendido con los ojos abiertos como platos, me sonrojé un poco a notar que después de mis palabras, levanto una de sus comisuras formando una media sonrisa, que solo duro un instante, era una sonrisa preciosa, sentí que sin avisar se robo un pedacito te mi corazón.
- si hablo en serio, puedes quedarte, no preguntare más lo prometo, y tampoco importa si no me hablas, está bien, enserio, si quieres hablar de ti y tu vida o de lo que te sucede o sucedió pues ya llegara el momento,  no te obligare a hacer algo que no quieras, imagino que te preguntaras porque te acepto en mi casa sin conocerte, la verdad es que yo también me lo pregunto, pero es que se que eres especial, me das confianza, no sé él porque pero así es, es algo curioso, veras es un presentimiento, - reí tontamente – ¿te quedaras? – aun me veía con cara de ¡ELLA ESTA LOCA¡
- veras, hace mucho  que vivo sola y bueno en cierto modo  nos beneficia a los dos, al menos quédate hasta que estés mejor y puedas seguir tu camino – me sentía algo rara, yo no era la calce de persona que le rogaba a otra, pero esta vez era diferente tenia la necesidad de hacerlo, tenía la necesidad de que no se fuera de que se quedara conmigo, era una sensación muy extraña, sentía que si en ese momento se iba algo pasaría, algo extraño, y lo peor es que no tenía ni la menor idea de que podría pasar, pero el sentimiento era tan fuerte, que no podía ignorar un presentimiento de ese calibre, era como si no fuera un coincidencia el que él estuviese ahí, era como si todo tuviera un porqué.

Así que insistí, al final el decidió quedarse, hasta que se repusiera, no me lo dijo con palabras, más bien asentía, cuando le preguntaba algo o le hablaba.

-de seguro tienes hambre verdad – le sonreí - ven – le estire la mano, él la tomo con timidez, lo lleve a la mesa, se sentó, y un poco después le lleve un plato de Rameen que había preparado en la mañana, le di un poco de té, y me senté a comer.
-espero que te guste, lo prepare en la mañana, la verdad es que me encanta cocinar, y no tenía nada que hacer a esa hora, me dije, cocinare algo, y bueno se me antojo mucho el Rameen, yo solía comerlo con…. – guarde silencio y note como la tristeza se asomo un momento en mis ojos, me miro como si de pronto le preocupara – no pasa nada – le volví a sonreír – esta rico – el asintió al tiempo en que se llevaba un bocado a la boca, para luego sonreírme tiernamente, sentí que se me fue el corazón a los pies, era la primera vez que veía una sonrisa tan cálida y sincera, sentí que la sorpresa invadió mi rostro, hacia unos momentos él se veía muy triste, pero al parecer como a  todos la compañía de alguien y su buena comida alegran aunque sea un rato, su mirada se encontró con mi cara llena de sorpresa, y por unos momentos nos miramos fijamente, hasta que un sonido rompió el hielo, volteamos, me tranquilice al ver que había sido el gato de la vecina. Nos reímos unos momentos para luego seguir comiendo.
-a propósito soy  Yessnia – me sonrió en símbolo de, esta bien, me levante, el me seguía con la mirada sin dejar de comer, agarre una pluma y un papel, lo puse en la mesa y le dije:
- escribe tu nombre – me miro confundido – no quiero obligarte a hablar, pero al menos tengo que conocer tu nombre para saber a quien dirigirme, no puedo estarte diciendo, oye tu, verdad – el me sonrió y tomo la pluma y el papel, después lo deslizo hacia mí, mire la hoja, decía con una letra encantadora, Leonard, era perfecto para él, era casi tan hermoso como él – me miro más confundido que hace unos instantes, lo mire con la boca medio abierta – su expresión era de angustia – le dije -  tu nombre es… es… hermoso – el se hecho a reír – no te rías es cierto, es que me sorprendió que encajara tan bien contigo y tu personalidad, es todo – su cara de confusión pasó al extremo – si es que tu personalidad es como la de un gato, no más bien como la de un león, tus ojos, esa mirada que tienes, y la desconfianza, o como caminas, son caracteristicas que un león tiene – reí un poco al darme cuenta de que estaba diciendo tonterías, y me delate, yo sola me balconee, se dio cuenta de que observaba demasiado, como para que en unas cuantas horas ya podía describirlo perfectamente bien, tanto su físico como su carácter, era extraño, con solo verlo sentía que sabia todo de el, aunque en realidad no sabia nada, apuesto a que creyó que era bruja demente que quería robar todo de él, y bueno no lo culpo por pensarlo.

Después de haber aclarado el punto del nombre, le dije:
-bien pues ya comimos que te parece si después de limpiar la cocina vemos una película y terminando veremos cual será tu recamara te parece – el solo asintió – si no quieres por mi esta bien tal vez estas muy cansado como para  ver…
El me miro al tiempo que se dio cuenta de que me tenía en sus brazos, uno de sus brazos, que a mi parecer eran bastante fuertes, me rodeo la cintura acercándome así a su cuerpo perfecto, tenia dos de sus dedos en mis labios, no quería por alguna extraña razón que dijera eso, tal vez le había agradado la idea de un principio, no lo sé, pero el tacto de su piel por un momento me dio escalofríos, que me recorrieron todo el cuerpo, el aire me faltaba, general mete le hubiera partido la cara al que se atreviera a hacer eso, pero esta vez era tan distinto, era como si lo hubiera estado esperan que reaccionara así, de hecho deseaba que ese momento no terminara, me miro como si esperara lo mismo pero al mismo tiempo sorprendido, no se, si su sorpresa fue de que no le decía nada o de que no debía hacerlo, después de unos instantes me soltó, se di la vuelta y se quedo allí parado, yo di unos pasos, lo rodé para verlo de frente y note que estaba sonrojado, estaba tan confundida como el, así que solo le pude decir:
-bien, creo que veremos la película – le sonreí, para que notara que haría como si nada hubiera pasado, aunque el recuerdo de lo que sucedió se quedaría en mi memoria siempre como el  primer acercamiento entre los dos.
Después de mis palabras, él me sonrío, con una de esas sonrisas tan particulares de él, - que se me estaban haciendo vicio -.

Lavamos los platos, dejamos la cocina reluciente.
-sabes – volteo a verme, al tiempo en que me encogía de hombros – limpiar en compañía es mejor que hacerlo sola, - le sonreí, con una alegría que no se había reflejado en mi rostro desde que ellos se fueron, desde que todos me dejaron poco a poco.
-bien es hora de ver la película – le dije acercándome al mueble junto al televisor en donde tenía mi biblioteca de películas,

Escogimos una de terror, antes de apagar las luces, para sentirnos en el cine, recorrimos la mesa de centro, pegándola al sillón, ya que el piso estaba alfombrado consideramos que era mejor sentarnos en el, estaba cómodamente sentada esperando a que apagara la luz para ponerle play a la peli.

Las luces estaban apagadas, la película comenzaba, había palomitas, lo extraño era que no había pasado ni un día y  ya estábamos sentados – muy juntos -  viendo una película.
-esta película no la eh visto- le dije antes de que comenzara -  espero que no de mucho miedo, porque yo si grito – el me miro como si me estuviera diciendo –yo estoy aquí- al menos eso sentí, cuando nuestras miradas se cruzaron.


Era una casa vieja, la noche era más oscura de lo habitual, ella se encontraba caminando en un pasillo que conducía hacia las habitaciones, la única luz existente era el brillo de la luna, que asomaba por un  ventanal, de cristal, al irse acercando a él,  vio pasar algo, era grande y oscuro, ella de la impresión cayó al piso, se notaba que algo se le acercaba – en ese momento grite del susto, me tape los ojos con las manos, no quería ver lo que pasaba, recordaba que la casa de mi niñez,  era igual, la casa que heredaría algún día,  y me asustaba la idea de pensar en volver, no solo por la película, si también por asuntos del pasado, asuntos dolorosos de recordar, - el pauso la película, me tomo las manos para retirarlas de mi rostro y noto que tenía los ojos llorosos, me miraba con una cara de preocupación, y con esos ojos tan profundos que me desbarataron por completo, que no me quedo más remedio que explicarle él porque:
-lo que pasa - le dije tajándome los ojos – es que me recordó, Hm…, como te lo digo, bueno te lo diré, cuando era niña – seme izo un nudo en la garganta – viví en una casa exactamente igual, y bueno me trajo recuerdos, cosas que no quiero recordar.

            Es todo lo que le dije, Leonard pareció entender el concepto de mi silencio,  pues él tampoco
            hablaba sobre aquello que le dolía tanto como  para reflejarse en sus ojos cristalinos.